El futuro de los plásticos

Autores: María Jesús Romero y Adrián Ortiz.

La sociedad del siglo XXI vive inmersa en un universo de plásticos. La presencia de este material en nuestra vida diaria es incontestable. Envases, utensilios de hogar, dispositivos electrónicos, mobiliario, alimentos preparados, ropa y calzado, vehículos, edificación, etc., han contribuido de forma decisiva en el desarrollo económico, la seguridad alimentaria y sanitaria.

El plástico es un material polimérico que tiene la capacidad de ser moldeado o conformado, generalmente mediante la aplicación de calor y presión. Esta definición abre un campo tan amplio como parece: bajo el paraguas del término plástico se aglutinan una serie de compuestos con diversos grados de rigidez. A modo de ejemplo, el tereftalato de polietileno (PET) de las botellas de agua, el cloruro de polivinilo (PVC) de las tuberías o el poliestireno (PS), cuya versatilidad hace que esté presente en la composición de envases de yogur o en embalajes industriales de porexpán.

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A la hora de hablar de plásticos, hay que hacer una clara distinción entre los dos grandes tipos de polímeros: los termoplásticos y los termoestables. Mientras que los primeros son maleables al calentarse, después de haberse formado el polímero y haberse enfriado, los segundos carecen de dicha característica. Esta cualidad, que hace a los plásticos termoestables resistentes y duraderos, los hace imposibles de reciclar. Por otro lado, los termoplásticos, entre los cuales se encuentran el PET (tereftalato de polietileno), PVC, (policloruro de vinilo) PS (poliestireno), son reciclables y forman parte de la economía circular.

La regulación de los plásticos en el marco de la Unión Europea desde una perspectiva ambiental, tuvo en su origen una base mercantil, que pretendía eliminar las posibles distorsiones en el mercado común, fruto de la disparidad de disposiciones en los diferentes Estados miembros relativas a los residuos. Al mismo tiempo, la Directiva 75/442/CEE quería cumplir un segundo objetivo, protegiendo la salud y al medio ambiente, contra los efectos perjudiciales causados por la recogida, el transporte, el tratamiento, el almacenamiento y el depósito de los residuos. Esta Directiva, fomentaba la prevención, el reciclado y la transformación de los desechos.

En los años siguientes, se aprobaron otras normas más específicas para determinadas categorías de residuos: Un ejemplo es la Directiva 85/339/CEE del Consejo, de 27 de junio de 1985 sobre envases de alimentos líquidos, que promovió el reciclado y relleno de estos envases de papel, cartón, plástico o cualquier otro material, así como la eliminación de los envases usados, con el fin de reducir el impacto sobre el medio ambiente y fomentar la reducción del consumo de energía y de materias primas. En ella, se exige a los Estados miembros la aprobación de programas para reducir el peso y/o el volumen de los envases para alimentos líquidos, contenidos en los residuos domésticos. 

Esta norma, derogada por la Directiva 94/62/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 20 de diciembre de 1994, para incluir a todos los envases puestos en el mercado y a todos los residuos de envases, establece, por primera vez, objetivos de tasas de reciclado y revalorización para los residuos plásticos, sistemas de marcado e identificación de residuos para favorecer su recogida, reutilización y reciclado, la eliminación progresiva de la presencia de metales pesados y otras substancias peligrosas, y el registro de las cantidades de envases consumidos y reutilizados en el territorio nacional, diferenciados, por categorías de material, pero sin desagregar los diferentes tipos de plásticos.

La legislación posterior fue abarcando otros aspectos de los residuos plásticos, (tasas de reciclado, tipos de materiales y objetos plásticos destinados a entrar en contacto con alimentos, etc.), dando prioridad, tal y como se refleja en la Directiva marco sobre los residuos 2008/98/CE, a la prevención de residuos, la reutilización y el reciclaje, sobre la valorización, incluida la valorización energética, y la eliminación. No obstante, a día de hoy, sigue habiendo una contradicción entre el marco legislativo y las prácticas reales de gestión de residuos. Los vertederos siguen siendo una vía importante de eliminación de los residuos plásticos en muchos Estados miembros.

En el Libro Verde de la Comisión Europea sobre “Una Estrategia Europea frente a los residuos de plásticos en el medio ambiente” (COM/2013/0123 final), se pone de manifiesto este contraste, apuntado además a la gestión deficiente e incluso ilegal de estos residuos, que redunda en pérdidas importantes de recursos potenciales y en la pérdida de oportunidades de reciclaje en Europa, en los casos de exportación, dado que los residuos plásticos, al estar clasificados como no peligrosos pueden exportarse a países no miembros de la OCDE, principalmente los asiáticos, demandantes de materia prima y con mano de obra barata.

Los acontecimientos que se han producido en la primera mitad de 2018, son claves para el futuro de los residuos plásticos en la Unión Europea, y supondrán un antes y un después en el ciclo de vida de estos materiales: uno es la prohibición en vigor, anunciada por China a partir de 2018, de la importación de 24 categorías de residuos sólidos, entre ellos los desechos de plásticos. La República de China, mayor importador mundial de estos residuos desde los años 80, ha basado su decisión en los graves problemas ambientales y de salud que este flujo comercial, deficientemente gestionado, ha generado: en 2003, un estudio realizado en Guiyu, provincia de Guangdong, y enclave para el reciclaje de productos electrónicos, reveló que un 80% de los niños, tenían niveles excesivos de plomo en la sangre. El aumento del precio de la mano de obra y una menor demanda de materias primas, han sido otras razones que han contribuido a esta prohibición.

En 2016, según las estadísticas de la base de datos Comtrade de la ONU, China importó 7,35 millones de toneladas de plástico, un 55,3% del total mundial. Si se incluyen los residuos que entraron a través de Hong Kong (que los reexportó casi todos hacia China continental), la cifra alcanza los 10,2 millones de toneladas, casi un 70% del total . España, por ejemplo, envió 207.835 toneladas de plásticos hacia este país (incluyendo Hong Kong) en el año 2016, un 65% del total exportado. Con la prohibición china, millones de toneladas de plástico deberán encontrar un nuevo destino. Se apunta a países como India y naciones del sudeste asiático como Malasia, Tailandia o Vietnam, aunque ninguna de ellas tiene la capacidad de reciclaje de China.

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El segundo acontecimiento, muy ligado al anterior, es la aprobación en junio de 2018 del “Waste Package” o paquete de Directivas de residuos, en el marco del Plan de Acción de Economía Circular de la Comisión Europea adoptado en diciembre de 2015, con objetivos individualizados de reutilización y reciclaje jurídicamente vinculantes para los residuos municipales y diferentes materiales de residuos de envases, así como la disminución de entrada de residuos en vertederos. Los Estados miembros de la UE tendrán que cumplir los siguientes objetivos para los residuos municipales y materiales de residuos:

Para 2025, 2030 y 2035, respectivamente, se aumentará la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales hasta un mínimo de los siguientes porcentajes:

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Los fabricantes de productos plásticos incluidos en los regímenes de responsabilidad ampliada del productor, establecidos por la normativa UE, deberán asumir la responsabilidad de la gestión de la fase de residuo de sus productos, para lo que se les exigirá una contribución financiera.

A esto se suma el objetivo de que para 2035 solo un 10% de los residuos municipales generados, pueda acabar en los vertederos.

¿Cómo afectará a la Unión Europea, y en particular a España, los nuevos objetivos para los residuos de plástico?

Europa genera anualmente, alrededor de 25,8 millones de toneladas de residuos de plástico, (más de la mitad correspondiente a residuos de envases), de los que menos del 30% son reciclados. A ello se une una escasa demanda de plástico reciclado, que representa tan solo un 6% sobre la demanda total en Europa.

Una parte importante de los residuos plásticos son enviados a terceros países no OCDE con normativa ambiental menos estricta. Además del impacto ambiental, el económico tampoco es desdeñable: se calcula que el 95% del valor del material de embalaje de plástico, es decir, entre 70.000 y 105.000 millones de euros anuales, se pierden después de un ciclo muy breve de primer uso.

Al mismo tiempo, las tasas de vertido y de incineración de residuos de plástico siguen siendo elevadas (31% y 39%, respectivamente) y mientras que las primeras se han ido reduciendo en los últimos años, la incineración ha aumentado.

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Además de los ya comentados, hay otros desafíos adicionales a los que se enfrenta al sector de producción de plásticos y la gestión de sus residuos en Europa:

– Para 2025 las botellas de bebidas deben recogerse de manera separada del resto de plásticos, llegando a un 90% de tasa de reciclaje de estos envases.

– En 2030 todo el plástico que no sea termoestable en Europa deberá ser reciclable. Esto afecta al grupo de los termoplásticos, presentes en nuestra vida cotidiana y utilizados masivamente en la fabricación de:

. Monturas de gafas, vasos de plástico, bandejas de huevos, envases, aislamientos para la construcción, etc. (poliestireno, PS y poliestireno expandido, EPS).

. Botellas para agua, refrescos, zumos, productos de limpieza, etc. (tereftalato de polietileno, PET).

. Marcos de ventanas, perfiles, revestimientos de suelos y paredes, tuberías, aislamiento de cables, mangueras de riego, piscinas hinchables, etc. (policloruro de vinilo, PVC).

. Bolsas reutilizables, bandejas y recipientes, film agrícola (polietileno de baja densidad, LDPE), film para envasado de alimentos (polietileno de baja densidad lineal,LLDPE), etc.

. Envases de alimentos, envoltorios de caramelos y aperitivos, tapones bisagra, recipientes aptos para microondas, tuberías, piezas de automóvil, billetes, (polipropileno, PP) etc. Este último grupo genera el 19,3% de la demanda de los transformadores de plásticos en Europa por polímero.

– La restricción y limitación del empleo de plástico para determinados usos es otra medida que tendrá efectos en el mercado: platos, cubiertos de plásticos, pajitas, bastoncillos, etc. están entre los productos plásticos que desaparecerán de los mercados europeos. Los recipientes de alimentos también deberán reducirse significativamente, aunque se deja al criterio de cada estado miembro el sistema para llevar a cabo dicha reducción.

Todas estas medidas van a tener un impacto a corto y medio plazo en la industria del plástico en Europa, que engloba a cerca de 60.000 empresas del sector, con un volumen de negocio de 350.000 millones de euros en 2016, y que da empleo directo a más de 1,5 millones de personas en Europa. Esta industria produjo 60 millones de toneladas de productos plásticos, incluyendo materiales plásticos (termoplásticos y poliuretanos) y otros plásticos (termoestables, adhesivos, revestimientos y sellantes).

Con respecto a los residuos de plásticos, aunque algunos países de la UE, han buscado mercados alternativos a China para gestionar parte de su residuos, duplicando las cifras de exportación a países como Vietnam o Tailandia en el último año, el desafío al que se enfrentan los residuos plásticos es otro: reducir la producción en origen, aumentar las tasas de reciclado y generar un mercado para los materiales reciclados.

– Prevenir en origen: menos bolsas de plásticos, reducir el sobreenvasado, sustituir plásticos con mayores problemas ambientales por materia prima más sostenible y producir material y productos plásticos dentro de una estrategia de economía circular, en la que solo tengan cabida materiales reciclables y bioreciclables.

– Reciclar: se trata prácticamente de doblar y, en algunos casos, hasta triplicar las tasas de reciclado actuales, creando la infraestructura adecuada en los propios países para recuperar y reciclar estos recursos.

– Economía circular: Es un pilar fundamental para reducir la producción de residuos de todo tipo. Los fabricantes deben incluir el análisis del ciclo de vida en sus productos y responsabilizarse de la fase “residuo”, y la sociedad en general y las administraciones en particular, deben esforzarse en erradicar un modelo de consumo de “usar y tirar”, inviable en todos los sentidos. Detrás de cada compra, servicio o consumo directo, hay un ciclo de vida que incluye la cadena de gestión de residuos (logística, almacenamiento, tratamiento, valorización..etc.) con implicaciones ambientales, sociales y económicas: desde utilizar un vaso de plástico de un dispensador de agua a comprar una piscina de plástico o un artículo de merchandising. Todo acaba en residuo desechable si no se puede valorizar.

El sector del plástico en España y los residuos:

En 2016, y según estudios de la asociación Europe Plastics , en España se recogieron 2,3 millones de toneladas de residuos plásticos post-consumo a través de los diferentes esquemas oficiales de recogida de residuos. De ellos, un 37% se destinó a reciclaje y un 17% a recuperación energética, siendo el vertedero, con un 46%, la opción de destino principal.

En el segmento de los residuos de envases de plástico la situación es significativamente mejor. Aproximadamente un 45,4 % de los residuos de envases de plástico en España se reciclan, lo que supone un aumento de la tasa de reciclado del 80% en 2016, con respecto a las cifras de 2006, situándose por encima de la media europea, que está en un 40,8% (2016). El 38,2% se destina a vertedero y 16,4% recuperación energética.

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Si nos comparamos con nuestros socios europeos, España es el segundo país europeo que más plástico recicla por habitante, pero también el que más plásticos manda a vertedero (23 kg. por persona al año), con el desperdicio que conlleva de materia prima reutilizable o reciclable, la pérdida económica de millones de euros, los efectos sobre la salud y el impacto ambiental para el suelo, el agua o el aire (los residuos representan el 4% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en España, sin contabilizar la incineración para valorización energética).

España, tiene ante sí, varios frentes abiertos referidos a la gestión de residuos, con implicaciones directas para los residuos plásticos, en particular:

. Exportación de residuos plásticos: Según datos del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), en el año 2016 (el último período completo del que hay datos) se exportaron a China un total de 138.338,81 toneladas de “desechos, desperdicios y recortes de plástico” por un valor de 36.318.781,51 millones de euros.

La prohibición de China de importar residuos plásticos domésticos implica buscar nuevos destinos y plantas de tratamiento para estos residuos. Este flujo de residuos plásticos que no se gestionan en España, no debería acabar en países con una legislación más laxa o en centros dónde no se tratan adecuadamente. El vertedero tampoco es la solución.

. Vertederos incontrolados: En 2007 la Comisión Europea abrió un expediente contra España tras detectar la presencia “vertederos ilegales”. Después de varios intercambios de escritos y tras algunas reuniones adicionales, el 26 de septiembre de 2014 la Comisión remitió a las autoridades españolas un dictamen motivado en el que se concluía que, respecto a 63 vertederos incontrolados en desuso pero aún sin sellar ni regenerar, el Reino de España había incumplido las obligaciones que le incumbían en virtud de los artículos 13 y 15 de la Directiva 2008/98.

Al año siguiente, en diciembre de 2015, la Comisión Europea emplazó a nuestro país a actuar en los al menos, 291 vertederos incontrolados existentes en esa fecha en el territorio español , después de haber iniciado una investigación preliminar en la que se pedía a las autoridades españolas que presentaran observaciones acerca del cumplimiento de las obligaciones establecidas en la Directiva en relación con la persistencia de vertederos de residuos ilegales.

Esta situación desembocó, finalmente, en dos sentencias condenatorias del Tribunal de Justicia la UE contra en 2016 y 2017, por la existencia de más de 60 vertederos incontrolados no clausurados en España . Ninguna de las dos conllevó sanciones económicas y aunque la situación se ha revertido bastante, aún existen vertederos incontrolados. Recientemente, el Ejecutivo Europeo ha amenazado con denunciar ante el TUE y con pedir sanciones económicas contra España, dado que a día de hoy aún siguen pendientes las obras de clausura, sellado y regeneración de 22 vertederos (uno en Andalucía, 19 en las Islas Canarias y dos en Murcia).

. Planes de gestión de residuos: España al igual que el resto de países de la UE, tiene que presentar la planificación de residuos en todo el territorio nacional y sus revisiones y/o actualizaciones. En concreto, debería haber establecido planes de gestión de residuos para todo el territorio antes del 12 de diciembre de 2010, tarea que no se ha completado hasta la fecha. La Comisión Europea abrió un expediente a España por este hecho en 2016.

Según la información consultada, los planes de gestión de residuos para cuatro comunidades autónomas (Aragón, Baleares, Canarias y Madrid) y la ciudad autónoma de Ceuta, aún no se han presentado a la Comisión Europea. Estos planes deben revisarse y actualizarse cada seis años. En su paquete de decisiones sobre procedimientos de infracción correspondiente al mes de junio, la Comisión Europea ha emprendido acciones jurídicas contra España ante el Tribunal de Justicia de la UE por no establecer ni revisar los planes de gestión de residuos con arreglo a los requisitos sobre las normas de la UE para la Directiva marco sobre residuos (Directiva 2008/98/CE).

. Presencia de residuos plásticos en el medio ambiente: la presencia de plásticos y “microplásticos” en los mares y océanos del planeta, destino final después de haber transitado por ríos, playas, arenales, etc. se ha convertido en un problema mundial de primer orden. Sus repercusiones tanto para el entorno como para las especies que lo habitan, son o deberían ser, a estas alturas, bien conocidas. La basura marina puede permanecer cientos de años en el medio ambiente antes de descomponerse y los microplásticos empiezan a estar presentes en la cadena alimenticia, con los riesgos que esto puede suponer además para la salud.

En España existe, desde 2013 un “Programa de seguimiento de las basuras marinas en playas” que se desarrolla estacionalmente en 26 playas del litoral español. Su objetivo es contar y clasificar los objetos encontrados según su tipología (plástico, goma, madera, papel y cartón, vidrio, metal, tela, artículos higiénico-sanitarios, residuos médicos y otros), comparar la situación en las diferentes playas españolas, calcular tendencias y facilitar información sistemática que permita el establecimiento de medidas orientadas a reducir las basuras que llegan al medio marino. El mayor porcentaje de residuos recogidos corresponde a basuras plásticas, situándose entre un 60 y un 70%.

En los últimos años, diversas iniciativas de ONGs españolas y partenariados públicos y privados están llevando a cabo proyectos e iniciativas para paliar esta situación: asociaciones no gubernamentales como la asociación territorial de ámbito estatal AEBAM (Asociación Española de Basuras Marinas), que en colaboración con sus asociados, realiza labores de concienciación, divulgación e investigación.

No obstante, nos encontramos de nuevo, con un problema ambiental de alcance mundial que debe abordarse con un enfoque “Top-down” que defina objetivos globales y acciones específicas. Las alianzas entre los gobiernos, la industria del plástico y la ciudadanía en general, son claves para reducir la presencia de estos residuos en el medio ambiente. Campañas como “Mares Limpios” liderada por Naciones Unidas o #Sin contaminación por plásticos, así como la prohibición de plásticos desechables no reutilizables, están teniendo un efecto de réplica cada vez mayor, extendiéndose a numerosos países.

En definitiva, el futuro de los plásticos depende de lo sostenibles que puedan llegar a ser en el futuro. Tiene que producirse un equilibrio real entre las indudables ventajas de este material y los perjuicios que ocasiona si no se tiene en cuenta un análisis de su ciclo de vida integral. Por delante hay una ingente tarea a todos los niveles.

 

Nota del autor:
Este artículo se ha escrito con el único fin de servir de herramienta de divulgación, haciendo un resumen general de la situación actual de los residuos plásticos y las perspectivas de futuro. El tiempo dedicado a recopilar información y a redactar este artículo, es nuestra forma de contribuir, con la mejor intención, a concienciar sobre un problema ambiental de primer orden.

El Cubo Verde, soluciones ambientales S.L.
Autores: María Jesús Romero y Adrián Ortíz

Maria Jesus Romero Olid
maria.romero@elcuboverde.com
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